19 ago. 2012

ES HORA DE LUCHAR




Siempre que he escrito sobre artistas musicales, me ha resultado complicado saber cuándo cortar el grifo a la hora de hablar sobre sus biografías, porque  hay detalles nada o poco relevantes si lo que de verdad importa es comentar un disco hablando estrictamente de las canciones que contiene. Sin embargo, también hay muchos casos en los que la biografía está ligada irremediablemente a un reflejo musical de la misma, y no se puede pasar por alto. Emilie Autumn es una de esas artistas, tan inclasificable como perfectamente definida, cuya imagen y peculiar sonido son parte de ella misma, tanto como todo lo que ha vivido.



DE CLÁSICA REBELDE A HADA CELTA Y A GÓTICA VICTORIANA

Son muchos los detalles de su vida que pueden justificar la música tan curiosa de esta californiana joven aunque con una ya dilatada y evolucionada carrera.

Desde que tenía cuatro añitos, Emilie Autumn aprendió a tocar el violín, interpretando las piezas más conocidas de compositores clásicos. A medida que iba creciendo, empezó a descubrir también la literatura y la poesía, a la vez que empezó a vestirse de manera “alternativa” (con ropa diseñada por sí misma). Sentía esas inquietudes propias de tantos artistas que se salen de lo establecido, así que se producían controversias y constantes cambios de escuela.

Finalmente, Emilie decidió ser artista de manera oficial, y en gran parte autodidacta. Tampoco se conformaba con las directrices de las discográficas, así que tiró por la vía independiente. Tras algunas demos, su primer lanzamiento oficial fue Enchant, que presenta un estilo entre pop, dance, R&B, jazz, soul e incluso tango, y con el violín de Emilie aportando constantes toques celtas; todo viene acompañado por una imagen de la autora vestida como un “hada moderna o rockera”, con alas, vestidos desgarrados y botas altas.
Es un disco que a los fans les encanta por ser el primero, porque entonces era totalmente desconocida, porque nunca más ha vuelto a hacer otro parecido… A mí no me va tanto. Tiene variedad, pero no es tan original; incluso hay canciones demasiado parecidas a las de otras artistas (de hecho, dos de ellas son directamente variaciones de canciones de Fiona Apple, cosa que no me gusta un pelo)

A partir de aquí Emilie consiguió que se fijasen en su talento, peculiar a veces, demasiado influenciado otras... Trabajó con Billy Corgan de los Smashing Pumpkins, y su fue de gira con Courtney Love, de Hole.
A su vuelta, sufrió un embarazo no deseado, un aborto y un posterior intento de suicidio. Todo seguido, y todo acentuado por el trastorno bipolar que le había sido diagnosticado desde niña. Evidentemente, acabó ingresada un tiempo en una clínica de recuperación, y al salir se tatuó su número de paciente como auto-terapia para no olvidar jamás lo que ocurrió y que no se repita.

No sé hasta qué punto todo esto está verificado, o por el contrario puede ser un reclamo para crear un personaje y venderse mejor. Son demasiados los buenos artistas con pasado difícil, aunque es comprensible. Mientras no quede demostrado lo contrario, yo me lo creo todo. Aprecio su música por encima de lo demás. Si me gusta por sí misma, genial; si detrás hay historias que la puedan realzar, bien también.

Lo que más me importa explicar es que, influenciada por todo esto, Emilie cambió radicalmente de aspecto y música para su siguiente trabajo. Opheliac introdujo un término musical propiamente suyo, denominado industrial victoriano en el cual el violín clásico se intercala con el eléctrico, y un teclado renacentista llamado “clavecín” (o “clavicémbalo”) se entrelaza con sintetizadores industriales, todo interpretado por la propia Emilie, junto a letras y voces muy ásperas, narrando todas sus fobias y malas experiencias. Un estilo bien definido, música barroca junto con electrónica oscura e incluso heavy metal.


 Para las fotos promocionales, Emilie Autumn empezó a vestir como si fuera una “lolita gótica victoriana”. O algo así. El pelo de un rojo muy llamativo; los labios perfilados como si fuera una muñeca; un corazón pintado en el rostro (pues ella dice que le ayuda a sentirse protegida); corsés de época y medias a rayas (a veces rotas). Para entendernos: un híbrido entre Maria Antonieta y una niña amante del manga japonés, entre inocente y provocativa. Como vengo comentando, la imagen es un aspecto vital de Emilie, pero no nos equivoquemos: sobre todo tiene un talento increíble. Es cómodo dejarse llevar por música accesible explotando una imagen sexy (porque yo he visto fotos suyas sin abalorios ni maquillajes y es muy, muy guapa) Ella sin embargo va a su aire, y arriesga con música disonante, a veces repetitiva e incluso fea, pero siempre con mensaje. 

Otro lanzamiento importante es el doble disco instrumental:
- Laced : reedición de sus primeras interpretaciones de piezas clásicas con algunas composiciones propias.
- Unlaced : buenísimo, violín eléctrico y ruidoso que suena como guitarra sobre una base industrial, mucha caña.

Ya me he extendido más que suficiente con los precedentes antes del trabajo nuevo que acaba de publicar. Lo último a destacar es que Emilie, aparte de su formación clásica, también es amante de Shakespeare, del que ha recitado poemas con música propia de fondo. También ha publicado remixes y versiones de Queen, los Beatles y hasta los Monty Python.

DANDO GUERRA

Tras unos años sin música nueva (aunque no ha dejado de dar conciertos, siempre visualmente vistosos y acompañada de varias bailarinas) vuelve con su cuarto lanzamiento importante: Fight like a girl (abreviado como F.L.A.G.) donde presenta una imagen poco diferenciada de la adquirida desde la era de Opheliac. Mantiene sus ropajes victorianos sensuales aunque ahora están adaptados a la corriente estilística cabaretera.

 

Bien… ¿qué música ofrece la bella e inquieta Emilie en esta ocasión? Pues el disco es una especie de banda sonora de un libro escrito por ella misma llamado The Asylum for Wayward Victorican Girls, con una base autobiográfica pero a la vez lleno de ficción. La historia que cuenta (y que podemos seguir gracias a las letras de las canciones impresas en el libreto) es la terrible experiencia de una joven llamada Emily que, junto a muchas otras muchachas, es internada en un centro psiquiátrico gobernado por crueles doctores. Estos las someten a electroshocks de cerebro, e incluso las esterilizan para que no puedan tener descendencia tan perturbada como ellas. Finalmente, son expuestas de cara al público en un show nocturno de baile como preciosidades locas y grotescas.  Ellas lucharán por recuperar su libertad física y mental, de ahí la vertiente feminista del título y el contenido general.

También será llevado a los escenarios como un musical, estilo presente en varios temas del disco. De las diecisiete pistas que contiene, algunas mantienen la vertiente oscura (gótica e industrial) de los últimos años, mientras que también se intercalan temas y pasajes de cortes teatrales o propios de bandas sonoras, más tranquilos. Está claro que a Emilie le sigue gustando la fusión curiosa de géneros, y le sale bien.


Emilie, como anteriormente, se encarga de TODO: aparte de ser la creadora de los temas, interpreta toda la música y todas las voces, modulándola como es preciso para adaptarla a los diferentes roles (personajes) de las canciones. Como protagonista tiene un alter ego llamado Emily. Para esta ocasión ha dejado bastante de lado su violín, pero no se echa mucho de menos.


F.L.A.G. también tiene cosas mejorables. Escuchándolo del tirón no da la impresión de estar ante una historia con continuidad, más bien son fragmentos desordenados de una historia mayor y supuestamente mejor hilada (para confirmarlo debería leer el libro origen).

Esta extraña impresión se acentúa aún más porque el orden de los temas en mi opinión no está bien secuenciado: muchos que se parecen en estilo, temática y duración aparecen seguidos. Tampoco ayuda mucho que casi la mitad de los temas son interludios instrumentales o recitados, repitiendo melodías incluso. Otras son canciones breves a las que casi no se les puede llamar “canciones”. No desmerece la calidad total, que es elevada, pero si musicalmente ya es dificilillo de escuchar, estos asuntos extra-musicales lo complican aún más. Así es Emilie…

¿CÓMO ADQUIRIRLO?

De momento, a través de la tienda oficial en su web:

Detalle loable: al comprar el CD, también se proporciona un enlace para descargarlo entero en mp3, para ir escuchándolo mientras esperamos que nos llegue a casa por correo.

Ya solo resta lo más importante: describir esta abstracta estancia…

…EN EL ASILO

1. FIGHT LIKE A GIRL

El tic-tac del reloj indica que el momento de luchar ha llegado. Un himno a golpes de sintetizador dance, incluso algo retro, y una voz firme que sirven como base para indicar que Emily (Emilie) está preparada para pelear como sólo una chica desesperada sabe hacerlo.  

2. TIME FOR TEA

Sigue la lucha de las chicas. Hay que comprobar que se tienen armas para electrificar y hasta amputar, si hace falta. Más oscura y áspera que la anterior, igualmente marchosa, a veces gutural, pero pegadiza igualmente… Una pieza industrial, con mucho ritmo y atrapante, perfecta para dar vida a esa Alicia en País de las Maravillas loca y siniestra que existe en videojuegos… o al Tim Burton más adulto y retorcido.

3. 4 O’CLOCK REPRISE

Enlazando con la atmósfera lúgubre con que acaba el anterior tema encontramos este precioso interludio, un remanso de triste relajación entre tanta abrumadora música. Una de las canciones anteriores más exitosas de Emilie, 4 o’Clock , aquí se transforma en una pieza íntima, digna de las bandas sonoras más “timburtonianas” o “harrypotterianas” que podamos imaginar. Demasiado breve, por desgracia.

4. WHAT WILL I REMEMBER?

Una lenta pieza con voz triste, donde nuestra encerrada protagonista se pregunta cómo sería el mundo sin su existencia. El violín lánguido y los tímidos teclados son los únicos que la escuchan.

5. TAKE THE PILL

Capítulo duro, duro, donde hay que tomarse esas pastillas que te anulan la razón, te enferman físicamente y te preparan para ser operada por los dementes doctores. Electrónica dura como un mazo y cortante como una espada, primero contemplativa, preparando el terreno para la rapidez, repetición y contundencia final.

6. GIRLS! GIRLS! GIRLS!

Clavicémbalo en estado de gracia para construir una irónica y divertida pieza que suena como un musical propio de las salas más famosas del mundo. Una letra larguísima donde conoceremos a través de las diversas interpretaciones de Emilie al presentador, invitados y “artistas” de ese freak-show donde las chicas operadas y machacadas psíquicamente (pero, ojo, “sin hacerles daño”) son presentadas como unas preciosas, locas y suicidas jovencitas. La culpa de todo es de esos horribles aparatos reproductores femeninos.

Delirante mini-obra de teatro.

7. I DON’T UNDERSTAND

Un momento de relativa felicidad donde, sin abandonar los tintes de musical, pero en este caso más breve, asistimos al diálogo (cantado) entre la protagonista y un doctor amable. Extracto del disco bastante irrelevante.

8. WE WANT THEM YOUNG

¿Banda sonora de cine fantástico? Eso parece por las percusiones y la programación épica. Sin embargo, seguimos en el manicomio… donde los doctores no dejan de buscar carne fresca para sus experimentos. Algo breve pero buena, distintiva.

9. IF I BURN

Canción típica de esta artista, no necesariamente hermosa pero muy expresiva. Ritmo teclista suave pero rápido y marcado, inquietantes programaciones de fondo... Emily, mediante la voz hosca de Emilie Autumn, asegura a quien le haga daño que ella y sus fantasmas le visitarán en sueños.

10. SCAVENGER

Sigue la marcada oscuridad, entrando incluso en el terreno de las canciones marciales industriales. El protagonista es el carroñero que se alimenta de las miserias y terrores humanos. Una voz acre a veces, arisca otras; una canción escabrosa, espeluznante… irremediablemente atractiva.

11. GASLIGHT

Con una base musical de nuevo sencilla, con el clavecín repetitivo y los tristes arreglos orquestales de fondo, la protagonista se lamenta párrafo tras párrafo de que nadie la sacará de allí, que en cualquier momento le tocará ser una nueva víctima del espantoso lugar.

12. THE KEY

Seguimos asistiendo a una película sonora de misterio y terror. En un par de minutos hay mucha, mucha letra, interpretada a tal rapidez que casi suena atonal, recitada. Ruidos, luces… ya están aquí.

13. HELL IS EMPTY

El infierno está vacío y todos los diablos están aquí.

No se necesita más que esta frase distorsionada y el horror épico de fondo para componer un nuevo interludio brevísimo del que se echa de menos más duración.

14. GASLIGHT REPRISE

Base melódica tomada de tres temas atrás para componer una triste pieza instrumental protagonizada por el violín de tintes clásicos y trágicos.

15. GOODNIGHT, SWEET LADIES

Golpes de tambor; voz expresiva y única con posteriores coros; una nana esperanzada que surge en medio de la agonía. En esta canción de cuna adulta, Emily insta a sus compañeras a dormir, puede que para siempre, sin olvidar quienes eran, son, y quizá serán. Hacia el final, disfrutamos de varias líneas vocales superpuestas interpretando extractos de otros temas, de este disco y anteriores (4 o’Clock, The art of suicide, If I burn)

16. START ANOTHER STORY

Variación para teclado del cuarto tema, What will I remember? . La canción no tiene mucha razón de ser; la letra, sí (Los doctores han completado otro ciclo experimental…)

17. ONE FOOT IN FRONT OF THE OTHER

Las chicas siguen desorientadas pero ya son libres, de una manera u otra, aunque permanezcan en su encierro. Tambores de caballería, violín que por fin se muestra extático, voz firme… y energía todo lo positiva posible para empezar poco a poco, un paso por delante del anterior…

Colofón catárquico que cierra este puzle musical algo imperfecto y extraño de montar… pero, al fin y al cabo, nada encaja fácilmente dentro de unas mentes obligadamente perturbadas… 



 
GRACIAS A EMILIE POR HACER MÚSICA TAN SUYA…

… aunque haya tardado varios años en traer un disco que adolece de algún tema completo adicional y no necesite sonar tanto a música cinematográfica. Se le perdona, por la buena mezcla de estilos casi contrapuestos, por su inagotable intensidad y su talento extrapolado a varios ámbitos.

Violinista, teclista, cantante, compositora, poetisa, novelista, diseñadora de su propia ropa, y hasta actriz ocasional. A veces terriblemente perturbadora y otras suavemente melancólica. Delirante o anti-melódica, siempre auténtica y fiel a lo que quiere hacer. Emilie es un portento que bien merece atención si gustas de esas artistas femeninas no siempre fáciles de escuchar, que no pretenden sonar “bonitas” aunque lo sean exteriormente, que no siempre son felices pero no dejan de intentarlo, y que han hecho de sus problemas una fortaleza que fluye a través de la música.