13 abr. 2013

PICADURAS DE INTENSIDAD DIVERSA



Hay casi tantas maneras de clasificar las trayectorias musicales como artistas existentes en ese mundo.

1)            Los hay que nunca encuentran un sonido propio y acaban desapareciendo en el olvido.

2)            Otros no serían capaces de identificarse musicalmente ni aunque la vida les fuera en ello, pero tienen la suerte de que el cóctel de “borreguez”, hormonas y falta de edad y/o inteligencia les permitan triunfar por su nombre y/o imagen.

3)            Otros encuentran la fórmula del éxito, les funciona y van a lo seguro una y otra vez.

4)            Y otros encuentran la fórmula del éxito, les funciona, pero prefieren arriesgarse a sorprender, aunque ese riesgo conlleve la pérdida de sus seguidores más cerrados de mente.

Los neoyorkinos Yeah Yeah Yeahs son de este último tipo de bandas, sin lugar a dudas. Tengo ganas de hablar ya mismo de su último disco Mosquito (tanto me apetece que me he animado a escribir después de mucho tiempo) Hay que esperar un poco, antes creo conveniente soltar algunas cosas básicas para quién no haya leído ni escuchado nada de este grupo con nombre tan positivo.




Formados en la Gran Manzana a principios de este siglo y milenio, sus integrantes son el batería Brian Chase, el gran guitarrista flacucho con aspecto de Eduardo Manostijeras Nick Zimmer, y como capitana la carismática Karen O, cantante con raíces coreanas. Una chica muy llamativa en los escenarios por sus atuendos, sus divertidas interpretaciones y su voz más bien aguda pero sin resultar estridente, suena divertida a veces y versátil en general.

Sus comienzos eran, como en tantos grupos, mucho más visceral que lo que vino después. Hacían canciones recuperando el primer punk, el de los años setenta y ochenta, con un refinado artístico que lo filtraba hasta transformarlo en un garage-rock poco instrumentado y muy personal. Tras algunos singles, el atrayente Fever to tell fue su presentación y éxito a lo grande, al cual siguió el algo más contenido Show your bones pero rebosante de calidad también.

Recuperaron el rock más roquero con un EP de cinco canciones llamado Is Is, y luego llegó su primer gran cambio de estilo. It’s blitz!, el tercer disco, reducía a un segundo o nulo plano las guitarras y cargaba las canciones con una electrónica bailable. El cambio gustó en general y el disco se recibió bien, pero a mí aún hoy me cuesta bastante escucharlo entero, por no decir que me aburre más allá de dos o tres temas entretenidos. 

Tras unos años de silencio comenzaban este 2013 presentando la portada de su cuarto trabajo, Mosquito,  una imagen la mar de inquietante, considerada horrible en general. Escalofriante es un rato, parece una parodia del Nevermind de Nirvana, con ese niño desnudo picoteado por un mosquito mutante, como si fuese un fotograma extraído de una película mala de ciencia-ficción hecha a ordenador. Extrañamente, es de esas cosas feas que te resultan simpáticas y les acabas cogiendo aprecio. Los YYYs son así de originales, aunque cueste digerirlos… y lo mismo que con la portada ocurre con las canciones…

Según Karen O (que ahora es rubia pero de tonta nada), ellos han seguido la tendencia de los últimos años: sonar muy diferentes a lo anterior. Y no mentía. Prometía estilos más lo-fi, acústicos, influencias de reggae y más guitarras de nuevo… que haberlas las hay, pero no como cabía esperar.

Este es el resultado de la espera, y la transformación de mis expectativas en realidades:


1. SACRILEGE

De la primera canción ya hay mucho que decir. No obstante es el single de presentación y de la que más se está comentando, porque suena diferente a todas las facetas de los YYYs que conocíamos hasta ahora, y sin embargo se distingue como creación suya.

Empieza como un atípico tema de pop, destacado de lo tradicional gracias a la sutil instrumentación orgánica adicional y las cuatro notas recurrentes de un soniquete electrónico.
Durante dos tercios de la canción la gran protagonista es la melodía vocal tan limpia de la señorita O, y de repente… la gran sorpresa: un apabullante coro góspel que la acompaña hasta que Karen les encomienda la misión de cerrar los últimos estribillos, con poderosas y superpuestas voces.

Al videoclip le ocurre como a la canción: la primera vez no entra bien porque no se entiende, pero a la segunda encanta.
Ya que la letra habla de un amor considerado sacrílego, en imágenes se refleja en uno de los mejores ambientes posibles: la doble moral de un pueblo hacia una chica... No cuento más, vale la pena entender la historia por un@ mism@. 
(Información importante: está narrada en orden cronológico inverso, lo que quizá le resta contundencia, pero suma creatividad)

Puntuación: *****


2. SUBWAY

Una canción que a su peculiar modo evoca al metro de Nueva York, situándonos en alguna noche calurosa dentro de sus vagones. Inusual tema para estar el segundo en un disco, porque si le quitamos el omnipresente sonido del tren por la vía, la sosegada voz y el colchón de “sintetizadores acústicos”, ya no suma mucho más. A mí me relaja mucho, pero nunca podría ser un tema famoso, es algo más íntimo y personal.

Puntuación: ****


3. MOSQUITO

Da título al álbum, y sonoramente hace que nos imaginemos la misma portada. Aunque no sea muy guitarrera, sí que presenta esa mala baba divertida que el grupo nos ofrecía hace años, junto a percusión tribal y un estribillo excelente, contundente en su simplicidad. Habla de lo que habla: mosquitos que te chuparán la sangre, y escuchar a Karen O “zumbar” es un encanto. Una de las que más difusión recibirá, seguro.

Puntuación: *****


4. UNDER THE EARTH

Esta es mi preferida. Me encanta desde que vi (también por internet) cómo la presentaban en directo a principios de este año. Una mezcla sutil entre reggae, darkwave y guiños tribales sin descontrolarse en ningún momento, con el suficiente encanto como para balancearse a su ritmo. Un acierto se mire por donde se mire, demuestra que lo raro puede enganchar, y mucho.

Adjunto susodicha actuación en vivo, donde Karen O siempre es una presencia escénica:


Puntuación: *****


5. SLAVE

Este tema es un eslabón perdido entre lo que fue su anterior disco y lo que pretende aportar este. El rock se derrite entre sintetizadores, y transforman la identidad del tema en algo más bailable y distintivo cuantas más veces se escucha.

Puntuación: ****


6. THESE PATHS

Esta me cuesta muuucho. Vuelve la electrónica experimental y desnuda de arreglos, con estructura en bucle, tanto de efectos electrónicos, como de percusión, como de voz. Lo que más me gusta es el final, cuando la voz de Karen deja los tonos medios y falsetes para emplear la distorsión con efectos de _vocoder_ , lo cual me recuerda mucho a uno de los grupos electrónicos de moda, Crystal Castles. Que lo mejor de un tema sean las referencias a otra banda no le deja en muy buen lugar. Aunque tenga el mérito de no aburrir por repetitiva, suena a “medio cocinar”, sin terminar de despegar del todo.

Puntuación: **


7. AREA 52

¡Qué buenísima canción! Paradójicamente, es otra que destaca precisamente por sonar bastante a los YYYs antiguos y sencillos, acercándose (sin adentrarse del todo) en el guitarreo rabioso de sus inicios. Un poquito de punk, bastante rock and roll, energía vocal, letra un tanto alienígena, y todo concentrado en tres minutillos que suenan a bálsamo. Entre tanta novedad sonora peculiar yo necesitaba una canción así.

Puntuación: *****


8. BURIED ALIVE

Curioso híbrido de dance-funk, rock y rap, con poquita instrumentación pero muy simpática de escuchar, pegadiza y entretenida. La parte rapeada corre a cargo de '''Dr. Octagon''', que por lo que me informado es un personaje inventado por el rapero '''Kool Keith'''. Parece el tema que menos gusta, sobre todo por los que consideran el rap algo ajeno al buen gusto… pues aquí queda muy bien.

Puntuación: ****


9. ALWAYS

Otra rareza de género indefinido que se han permitido inventar. Imaginemos otro tema bastante cíclico en su desarrollo, con una base de sintetizadores que otorgan un ambiente de ensueño a toda la canción, pero con un fondo de salsa o bossa-nova. Pues eso. Con pocos elementos suena original, lo que tiene su mérito, pero no deja de ser un experimento difícil de describir, y sobre todo de escuchar, que a fin y al cabo es lo que debe conseguir una canción por encima de todo.

Puntuación: ***


10. DESPAIR

Interesante canción, que como otras empieza a medio gas, pero en este caso sí que va creciendo, gracias al protagonismo de las guitarras, así como por el positivismo de la letra.

Puntuación: ****


11. WEDDING SONG

Un barullo de pájaros al inicio, percusión en forma de beats (latidos), Karen O sonando relajada, entonando con sentimiento los versos de amor más intenso que he leído en mucho tiempo… Bella, tranquila manera de hilar el final del disco. ¿Lo consigue? Bastante bien, yo redondearía con alguna parte melódica más pegadiza.

Puntuación: ****

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Para acabar, otra clasificación a la que he recurrido más de una vez:

1)            Hay discos que funcionan como un todo.

2)            Otros funcionan destacándose individualmente las canciones.

3)            Otros no sirven de ninguna de las dos maneras, lo que viene a llamarse atrocidad musical (“insertar aquí el tipo de basura musical más odiada por el lector”)

4)            Y luego están las obras destacadas, afortunados discos que funcionan del tirón y rescatando temas sueltos.

Yo coloco Mosquito en el primer tipo: tras mi interpretación de cada tema, y de escucharlos hasta identificarlos bien, creo que tanto cambio de estilos, tanta originalidad entretiene de seguido, pero si aislamos temas, se nota la calidad desigual. Se notan los que se pueden escuchar una y otra vez, los que agradan sin más, y los pocos que no apetece desenganchar de la fila.

Confieso que yo prefería un cambio menos drástico, porque sus primeros trabajos son mis preferidos, pero si quiero escuchar a los antiguos YYYs, pues me los pongo. Si quiero sorprenderme con que a estas alturas aún se inventen cosas en este ambiente musical tantas veces rancio y saturado… estos neoyorkinos, con sus bichos y sus rarezas me demuestran que pueden seguir en forma durante mucho tiempo.

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